CAPÍTULO 37.
Capítulo 37
El motor del coche rugió mientras Miguel salía del estacionamiento de la casa de Fernando. Sus manos apretaban el volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban completamente blancos. El silencio dentro del vehículo era espeso, interrumpido solo por la respiración agitada de Miguel.
Sofía, a su lado, mantenía esa llave apretada en su mano como si fuera un tesoro frágil.
—No vuelvas a mirar a ese hombre como si tuviera algún poder sobre ti —exigió Miguel, su voz era una mezcla de