Despertó con un sonido que no había oído en marzo.
El mar en otoño tenía una voz distinta a la del mar en primavera.
En marzo había sido inquieto y continuo, el sonido de algo que no había decidido qué quería hacer, pero que lo hacía de todos modos.
En septiembre era deliberado.
Cada ola llegaba con la intención específica de algo que conocía su propio peso y no se disculpaba por él.
Se quedó tumbada en la oscura habitación de la casa de piedra y escuchó.
El sonido se filtraba por las paredes d