“Enséñame,” dijo Dominic.
Ella le giró el teléfono. Observó cómo sus ojos se movían por la pantalla. Les observó detenerse.
El descanso de quince minutos había vaciado la sala dejando solo a los dos de ellos y a Daniel, que se había apartado a hablar con la abogada cerca de la puerta. Lo suficientemente cerca para llegar a él si fuera necesario. Lo suficientemente lejos para darles espacio.
Dominic leyó el mensaje dos veces. Lo sabía porque le observó hacerlo. Luego puso el teléfono de ella b