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Theo frunció el ceño antes de mirar al padre de Aurora retorcerse sobre la silla de metal que se encontraba al fondo de la sala de estar. Estaba aburrido mientras lo observaba jadear con fuerza, sabía que tenía hambre, que estaba cansado y que probablemente le dolía la espalda y el trasero por durar tanto tiempo sentado en aquel asiento metálico.

—¿Te sientes cansado?—preguntó Theo, levantándose del asiento con una pequeña mueca de disgusto en el rostro— llevas dos días amarrado en es

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