Emir.
No podía apartar mis ojos de ella. Su belleza era hipnótica, incluso en su estado vulnerable. Me sentía responsable por lo que le había sucedido, pero no me arrepentía. Si no fuera por ese accidente, ella no estaría aquí conmigo, confesando que me gustaba. Me sorprendía la forma en que mi corazón latía con fuerza cada vez que la miraba.
Después de nuestra charla, la llevé de nuevo a su alcoba, esta vez entre mis brazos, y subí las escaleras hasta dejarla cómoda en su cama. Su mirada se en