La noche anterior había sido crucial. Arzhel, Cristopher, mi padre y yo habíamos acordado que el siguiente movimiento sería definitivo. La idea de filtrar información sobre los crímenes de Teresa era peligrosa, pero necesaria. Cada uno tendría un papel específico en esta última etapa, y aunque fingir estar de su lado se volvía cada vez más difícil, sabía que era esencial para que todo saliera según lo planeado.
A la mañana siguiente, papá y yo discutíamos los pendientes en la oficina. Mientras