Compartimos un par de miradas y regresamos a nuestra labor. La noche avanzaba, pero el cansancio parecía ser inexistente. Cada hoja que pasaba y cada palabra que leía nos llevaba más cerca de descubrir la verdad, una que había permanecido enterrada durante años. Arzhel estaba a mi lado, su mirada se mantenía fija en la mesa, como si analizara cada detalle para encontrar algo que pudiera atar los cabos sueltos.
Por supuesto que juntos éramos un equipo imparable y llegaríamos al fondo de esto, as