Arzhel sostenía los documentos con una expresión que viajaba entre el desdén y la concentración. Mientras ambos nos sumíamos en nuestros pensamientos, mi celular volvió a vibrar sobre la mesa, interrumpiendo el silencio que nos envolvía.
—¿Es él otra vez? —preguntó Arzhel, con su mirada fija en mí mientras yo desbloqueaba el dispositivo.
Podría decirse que mi misma cara era suficiente para responder a su interrogante. Era esa misma persona desconocida, que, al parecer, no estaba tan en contra n