Mi respiración se detuvo por un instante, pero rápidamente recuperé la compostura. La voz al otro lado de la línea estaba distorsionada, irreconocible, como si quien fuera que estuviera llamando no quisiera dejar ninguna pista sobre su identidad.
—¿Quién eres? —Solté de repente tratando de mantener mi tono seguro a pesar de que mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho—. ¿Qué quieres de mí?
La risa que salió del teléfono era baja, apenas un susurro, pero lo suficientemente clara como para