Papá bajó de ese sitio y se acercó a nosotros con una expresión impasible; sin embargo, yo sabía que estaba luchando contra una mezcla de emociones: ira, decepción, tal vez incluso tristeza.
—Bien hecho. —Le susurré, con una pequeña sonrisa, la cual se desvaneció un poco cuando Teresa se acercaba otra vez a él.
—Raiden, ¿puedo hablar contigo un momento en privado? —preguntó. Su tono seguía siendo tan dulce que habría engañado a cualquiera. Él la miró fijamente durante unos segundos antes de ase