Arzhel observó a la ventana por unos segundos, su ceño estaba levemente fruncido. A decir verdad, se me hacía bastante gracioso verlo así.
—Podemos manejarlo, mamá. No se preocupen por nosotros —expuso con calma.
—No. —sentenció la señora con toda la autoridad del mundo. A ver si a su hijito gruñón se le ocurría contrariarla en este momento.—. Se quedarán aquí esta noche. Ya he preparado una habitación para ustedes.
Mis ojos se abrieron de repente. No sabía en qué lado posicionarme, pues, aunqu