El vestíbulo del hotel era un espacio opulento, pero no llamativo. Todo estaba diseñado para ofrecer discreción, con muebles de colores neutros y un ambiente que parecía casi de un hospital. Las paredes parecían absorber cualquier ruido, haciendo que el silencio resultara ensordecedor. Caminé hacia el ascensor con una mezcla de confianza y cautela. Llevaba puesta una blusa de seda gris y una falda lápiz negra, lo suficientemente profesional para un encuentro de negocios, pero también lo suficie