Mundo de ficçãoIniciar sessãoMateo salió del hospital sin autorización, aún no lo habían dado de alta, el encierro lo estaba volviendo loco. Tomó un taxi y le pidió al chofer que condujera sin rumbo, con las manos tensas sobre el teléfono y el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Las luces de la ciudad pasaban como destellos borrosos frente a sus ojos, pero él apenas las notaba. Su mente estaba atrapada en un torbellino de pensamientos que lo arrastraba m







