Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj marcaba las once de la noche cuando Lisana, nerviosa, se encerró en su habitación. Había logrado mantener la calma durante el interrogatorio con Adán y Zoraida, pero sabía que no podía quedarse de brazos cruzados. Con manos temblorosas, se puso la mano en el corazón, tal y como lo hacía desde que era niña, y marcó un número que había memorizado desde hacía tiempo.
-Laura, ¡tenemos un






