Mundo ficciónIniciar sesiónMateo caminaba de un lado a otro en el salón, sus pasos resonaban en la madera como un eco de su furia contenida. Las palabras de Lisana seguían quemando su mente: respuestas evasivas, verdades a medias, y esa incapacidad de admitir lo evidente. Finalmente, explotó.
-¡Ya basta, Lisana! -gritó, su voz cargada de rabia y desesperación-. No puedes seguir jugando conmigo. Sé que Melina no es mi hija. Lo descubrí, pero esperaba que t&uacu






