MICHAEL
No recuerdo el trayecto a casa.
Recuerdo mis manos temblando sobre el volante. Recuerdo a Collins hablando y yo sin oír ni una maldita cosa. Recuerdo las puertas abriéndose como siempre lo hacen —suaves, obedientes— mientras mi pecho se siente como si lo estuvieran aplastando desde dentro.
Las luces de la casa están encendidas cuando entro.
Eso solo me lo dice todo.
Aliana está en casa.
No me anuncio. No lo necesito. Mis pies me llevan escaleras arriba por instinto, lento y cuidadoso, c