Mundo ficciónIniciar sesión—Duérmete mi niño, duérmete mi sol… —le cantaba al pequeño Abel mientras nos mecíamos en la misma silla que años atrás usé con mi hija. Él cerró sus pequeños ojos grises que cambiaban de color según el tiempo, exactamente igual a los míos.
—Amor, Jake está aquí, quiere hablar contigo —susurró mi marido desde la puerta de la habitación del







