—Servicio al cuarto —gritó desde afuera un empleado del hotel al tiempo que tocaba la puerta.
Gracias a la inoportuna intervención, Leo volvió a sus sentidos e inmediatamente se incorporó para tomar aliento, sintiéndose incómodo al momento de desilusionar a su erecto amigo, que ya estaba listo para la acción.
—Creo que alguien llama —dijo nervioso.
—¡Ah! —suspiró Maddie, frustrada por el momento arruinado—, atiende la puerta, mientras voy al baño a cambiarme de ropa.
Luego de decir esto, el