Con la poca ecuanimidad que le quedaba, Leo escribió rápidamente a su padre dónde se encontraban y luego le envió la dirección dónde estaban cenando.
Mientras hacía esto, Helena volvió a hablar.
—¿Te vas a comer eso? —preguntó señalando la hamburguesa que estaba frente a Leo, la cual no había sido tocada por él.
—No, cómela tú —ofreció gentilmente.
—Gracias —sonrió la mujer, tomando inmediatamente el plato.
—Espero que lo disfrutes —comentó el chico pelirrojo, tratando de ser lo más amable