Tribu Awá.
Daría.
Dormí como nunca, cuando desperté ya había caído la noche. El clima se había tornado fresco. Al salir de la choza, mis oídos fueron recibidos por los hermosos cantos de las aves y de otros, animales que no lograba reconocer.
Dionisio se encontraba parado en la entrada como quien cuida algo preciado.
—Hola, ama, si logró descansar—me preguntó.
Dionisio era un hombre muy apuesto, su altura estaba entre los uno noventa o quizás los dos metros, su cuerpo muy bien trabajado, su piel morena le