Por Oliver.
El hombre del otro auto, frenó, pero yo le pedí disculpas con las manos, y luego de muchos improperios, siguió su camino.
-¿Cómo lo sabes?
Insistió ella.
-Esa historia es conocida.
Fue lo primero que se me ocurrió.
-No puede ser.
-Tú y tu grupito, coleccionan anécdotas y hoy me involucraste a mí.
-¡No fui yo!
Dijo con lágrimas corriendo por su rostro.
Frente a eso, no supe qué decir, no esperaba ver un llanto verdadero en Charlotte, creí que ella era incapaz de hacerlo.
Recordé que