Han pasado dos semanas desde el mensaje de Melody. Dos semanas de silencio forzado, de un vacío que se sentía más pesado con cada día que pasaba. Jacobo me pidió que la bloqueara, y lo hice. O al menos, eso es lo que él cree.
Pero el deseo de hablar con ella no desapareció. Se arraigó en mi mente como una espina imposible de ignorar, clavándose más profundo con cada pensamiento, con cada pregunta sin respuesta.
Hoy, finalmente, encontré la manera. Mi confidente, mi único aliado en este torbellin