A la mañana del martes los rayos tenues del sol entraban por la ventana, no había dormido casi nada, mi cuerpo se encontraba completamente acabado, cansado y adolorido.
Me dolían tanto mis muñecas, mis piernas estaban adoloridas y cansadas, mi cuerpo estaba completamente devastado, como si hubiera pasado un terremoto en mí. Me levante de la cama, Jacobo aún se encontraba acostado, tan tranquilo, desnudo, solo cubierto por una ligera sabana. Se veía tan bien.
Me levanté sigilosa y me dirigí rápi