El sábado por la mañana me encuentro sumida en muchos pensamientos, cada uno más inquietante que el anterior. Me sentía agotada, desgastada por la simple idea de asistir a la boda de Gabriel. No entendía por qué lo estaba haciendo, por qué me estaba obligando a pasar por algo que, sin duda, me resultaría incómodo.
Pero lo que más me perturbaba era Jacobo. Su entusiasmo por ir, su disposición inmediata… No podía dejar de preguntarme por qué. ¿Y si reconocía a Gabriel? Nunca lo había pensado antes