Paula
Cuando desperté en el hospital, mi padre estaba a mi lado y su cara no me gustó. Su semblante era de puro enojo, pero en cuanto lo llame padre este cambio. Puedo incluso distinguir claramente su alivio al escucharme llamarlo así. ¿Por qué? No lo sé, lo que me queda claro, es que he perdido toda mi libertad. No puedo salir de casa para nada, soy una prisionera que debe pasear solo en los límites del hogar. Aunque me quejé con el abuelo, este dijo que era por mi bien, que confiara en ellos y