El bosque no volvió a moverse como antes.
No era una sensación inmediata, ni un cambio evidente en la forma en que el viento recorría las hojas o en cómo la luz se filtraba entre los árboles, sino algo más profundo, más sutil, que se asentaba en el cuerpo como una certeza incómoda. Bryan lo sintió desde el momento en que abandonaron el santuario, incluso antes de que dieran los primeros pasos reales fuera del claro. Ya no era solo la ausencia de protección lo que lo inquietaba, sino la forma en