Capítulo 34. Loco e imprudente
Stella abrió y cerró la boca sin pronunciar palabra, no podía creer que Lorenzo y Valentina estuvieran parados delante de ella, ¡estaban en su casa!
—¡Di algo, Stella! —le urgió la niña que, impaciente, llamó su atención.
—¿Qué puedo decir, cariño? —preguntó con un hilo de voz. Estaba sorprendida, jamás se le hubiese pasado por la cabeza, que Lorenzo y Valentina la buscaran, no pensó que la extrañaban como ella los extrañaba.
Stella no podía negar lo feliz que le hacía verlos, su corazón salt