La veo alejarse con dirección al río mientras me muestra descaradamente su dedo de en medio, pero no pienso hacer absolutamente nada para detenerla.
No puedo creer que me haya dejado engañar por una chiquilla malcriada de una forma tan estúpida. Desde que su estúpido cerdo me mordió en la oficina de su padre supe que ella y todo lo que la rodeaba era sinónimo de problemas; debí de haberme echado a correr cuando la vi vestida de piloto.
—¡No puedo creer que esto esté pasando! —Me paseo de un