Declan
Dos semanas después.
Miro a Ivette con rabia, ella ignora mi mirada mientras come un poco de su desayuno y siento que mis mañanas son cada día más miserables. Como puede estar tan calmada, como puede comer frente a mí y pretender que no está sucediendo nada.
—¿Vas a comer o solo planeas dejarme viuda?
Su irritante voz reverbera en mis oídos, pincho un trozo de mi filete y lo muerdo sin apartar mis ojos de ella. La veo carraspear, lleva esa camiseta que oculta la marca de mis garras en su