La paz y el amor llenaron la habitación mientras nos quedábamos allí, maravillados por el milagro de la vida que sosteníamos en nuestros brazos. El mundo exterior desapareció, y por un instante, todo era perfecto.
Damon no apartaba la mirada de Raúl. Observé cómo su expresión se suavizaba, una mezcla de asombro y adoración reflejándose en sus ojos.
—Es increíble —murmuró, casi para sí mismo, mientras acariciaba suavemente la mejilla de nuestro hijo—. No puedo creer que esté aquí, que sea nu