El tiempo en el juzgado siguió transcurriendo, donde cada vez era más claro que Menchaca recibiría su merecido, cosa que le preocupaba seriamente a este, él cual cada vez mostraba más su nerviosismo y tensión mediante sus constantemente temblores de piernas, palabras entrecortadas, sudor excesivo que dejaba en evidencia gracias a su camisa en color celeste que se encontraba empapada, además de que, tenía unos grandes ojos de preocupación, totalmente rojizos llenos de pequeñas venas, que eviden