Abrí la puerta del dormitorio cuando oí el característico ruido de pasos fuertes procedentes de la escalera. Pasé la llave y en el momento de mi arrebato me vestí con algo de ropa, sin tiempo para elegir algo bonito.
Mientras tanto, mi mente se llenaba de pensamientos caóticos.
—¡Ana Lis!
La voz sonó como un relámpago retumbando en la casa, el suelo tembló bajo mis pies. La señal de alerta de peligro resonó en mi cabeza. La llamada urgente me increpó de alguna manera. Podía sentirlo.
— Ana, ¿dó