—Wyatt, ya basta —intervino Landon. Su voz era tranquila, con un tono de advertencia—. Tienes que calmarte ya.
Pero Wyatt no se movió. Ni siquiera parpadeó. Mantuvo los ojos clavados en los de John, como desafiándolo. Había tanta furia y tanto dolor detrás de su mirada.
—Wyatt —llamó Landon de nuevo, esta vez más fuerte.
Wyatt no lo miró.
—Tienes que mantenerte al margen de esta conversación, Landon —dijo cortante—. Esto es entre mi padre y yo.
Aun así, sus ojos siguieron fijos en John.
John lev