Capítulo 8
No iba a tolerar tanta indisciplina y falta de respeto, si esa mocosa seguía con sus berrinches, terminaría en una habitación como una verdadera prisionera. La llevé a casa, sin importar lo que dijera su madre, a fin de cuentas ella firmó ese contrato y yo podía hacer lo que se me antojara siempre y cuando no la perjudicara a ella, por lo tanto, me pareció prudente llevarla a mi hogar, quizás ahí podría reflexionar mejor en todas las cosas y comenzar a comportarse como una adulta.
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