El rostro de mi esposo no parecía estar para nada de buen humor, este leía la carta enviada y parecía tenso lleno de disgusto, mientras yo solo lo observaba desde el enorme sillón que estaba en su oficina, todo iba bien, había logrado mi cometido, las piedras santas estaba surgiendo y pronto yo podría ser más rica que el mismísimo templo, así que no tenía que preocuparme por mucho, por lo menos no en lo económico, pero parecía que había algo más, algo que le disgustaba a Vincent, por lo que esp