No lo negaré, llegue a ponerme muy nervisa al escucharlo, mis mejillas se tornaron de un carmesí intenso y mi corazón llego a acelerarme, creo que estaba del mismo color que mi vestido, mientras que lo observaba con sus ojos brillantes como zafiros y su rostro tan perfecto mostrándome una expresión llena de satisfacción y deseo, de codicia de un hombre completamente enamorado, fascinado con su prometida, encantado con la mujer que estaba, con la prometida que podía que lo acompañaría para toda