Cuando mi hermano me preguntó eso, aunque en mi interior sentía algo por mi cuñada, no podía decírselo así frente a él, y mucho menos con sus sospechas. Si le decía que quería acostarme con su mujer, seguro que lo tomaría muy mal.
Por suerte, al escuchar mi evasiva respuesta, su expresión se relajó notablemente, pero aun así, insistió: —Óscar, si no me ayudas, con el tiempo mi matrimonio está condenado al fracaso. Tu cuñada siempre ha querido tener hijos, y si yo no puedo darle uno, terminará de