Tal vez solo fuera una ilusión mía, pensé que él simplemente pasaba por allí y no venía hacia mí.
Así que no le di más importancia a ese asunto.
Sin embargo, cuando volví a mirar al hombre, me di cuenta de que me estaba observando con detenimiento.
Y su mirada, fría y profunda, era tan aterradora que parecía no ser humana, sino la mirada de la muerte misma.
Me puso los pelos de punta, y pensé que si no lo miraba, tal vez no tendría por qué temerle.
Pero parecía claro que él venía hacia mí, porqu