Me acerqué a Carla por detrás y comencé poco a poco a masajearla.
No sé qué me pasaba, pero sentía una especie de temor instintivo hacia esta mujer, como el que un estudiante siente hacia su profesor.
Eso me hacía sentir en realidad algo incómodo, como si algo no estuviera bien.
Parece que Carla notó enseguida mi incomodidad y me preguntó: —Tu técnica de masaje parece algo rígida, ¿estás nervioso?
—No, no sé qué me pasa, pero sí, estoy algo nervioso,— le respondí sinceramente, sin ocultar en se