¡No busco problemas, pero tampoco les tengo miedo!
Si Manuel se atreviera a hacerme algo tipo de daño, no me quedaría de brazos cruzados, eso lo tenía claro.
—Eso es lo mejor, entonces me voy primero,— dijo la señora Elara mientras giraba su cintura y se marchaba.
Su caminar y su porte atractivo, tan lleno de encanto, dejó una huella imborrable en mi mente, una imagen que no podía quitarme tan fácilmente de la cabeza.
No pude evitar pensar una y otra vez en ese asunto.
Las mujeres hermosas son c