Abrí los ojos de golpe.
Rafael sonreía, claramente satisfecho consigo mismo, con un brillo travieso en la mirada.
—Eres un idiota —dije, pero luchaba por contener una sonrisa.
—Me amas de todas formas.
—Desafortunadamente.
Le di una patada ligera en el estómago —no fuerte, solo lo suficiente pa