PUNTO DE VISTA DE RAFAEL**
Día dos.
Cuarenta y ocho horas desde que mi madre se llevó a Lucía, y yo apenas lograba mantenerme en pie.
Llevaba más de treinta horas despierto. Me ardían los ojos. Me temblaban las manos por el exceso de café y la falta de comida. Tenía la voz ronca de tanto hacer ll