Bien. Debía tener miedo. El miedo hacía que la gente fuera cuidadosa y obediente.
Volví a desempaquetar las compras, intentando calmar la rabia que aún hervía bajo mi piel.
Todo se estaba desmoronando. Lucía no cooperaba. Rafael no había llamado. El plazo se estaba agotando y yo todavía no tenía u