—¿Cómo supiste qué pedir? —pregunté, tomando el plato que me tendió.
—Rafael lo mencionó una vez. Dijo que podías comerte tu peso en pollo a la naranja.
La mención del nombre de Rafael quedó flotando en el aire entre nosotros un momento.
—¿Cómo está? —pregunté a pesar de mí misma—. Rafael, digo.