—¡Pero soy diestro! —protesté—. Todo se siente mal con la izquierda. No está coordinada de la misma forma. Sigo dejando caer cosas.
—Literalmente acabas de beberte toda una taza de café con la mano izquierda hace cinco minutos sin derramar ni una gota.
Maldición. Ahí me tenía.
Pero también estaba