PUNTO DE VISTA DE RAFAEL
Seguí a mi madre hasta su despacho, una habitación que siempre me había parecido más un salón del trono que una oficina.
Paneles de madera oscura cubrían las paredes. Cuadros caros colgaban en marcos dorados. Su enorme escritorio estaba colocado de tal forma que cualquiera sentado frente a ella tenía que alzar ligeramente la vista, un movimiento de poder que había perfeccionado durante décadas.
Se acomodó en su silla de cuero y señaló el asiento al otro lado.
Me quedé d