En ese momento, se escuchó una risa alegre y el señor Castro subió a la cima de la montaña con grandes zancadas.
—¡Abuelo, qué sorpresa verte aquí!
Lucía se alegró y junto con Christian y Hugo, fueron a recibirlo.
—Oh, escuché que tú y Christian habían regresado de Valencia y estaban en la cima de la montaña trasera. Supuse que estaban refinando alquimia, así que vine especialmente a ver cómo iban las cosas.
El señor Castro dijo sonriendo.
—Abuelo, has venido en el momento justo. Christian acaba