—Francisca tenía las mejillas enrojecidas, probablemente debido a un breve momento de lucidez antes de morir. Ya no había esperanza para ella, ni siquiera Jesús Díaz podría salvarla si estuviera vivo.
Juan sacudió la cabeza y miró a Christian con una expresión burlona.
—¿Qué pasa?
Los hermanos Dolores Pérez se sorprendieron como si hubieran sido golpeados por un rayo.
Luego, Francisco se levantó de repente y sus ojos brillaron con ira.
—Christian, todo es culpa tuya. Mataste a mi madre ¡Te voy a