—¡Con su poder, ¿cómo podría preocuparse por las amenazas de Roberto?!— desafió Christian con desdén. —Muy bien, chico. Tienes valentía, pero también eres bastante estúpido.
—¡A por él!— ordenó Roberto, enfurecido, agitando la mano. De inmediato, varios matones se abalanzaron ferozmente sobre Christian.
—¡Este chico está acabado!— exclamó el señor Fuentes con una mirada de satisfacción, disfrutando secretamente del castigo que recibiría Christian. No le preocupaba en absoluto su propio destino.