Isabel suspiró. Con sus sentimientos por Christian, definitivamente no podía abandonarlo y marcharse sola. Así que decidió quedarse y enfrentar las consecuencias junto a él.
—No te preocupes, como dije antes, no pasará nada—dijo Christian con una sonrisa y no dio más explicaciones.
Después de unos veinte minutos, se escucharon pasos apresurados. La puerta de la habitación fue derribada de un fuerte puntapié. Valenciano entró con una expresión sombría, seguido de varios guardaespaldas imponentes